



my sprint suite
My Sprint Suit constituye una mutación estacional del traje. Avanza el año, llega la primavera y, mientras la naturaleza transforma su color, yo también florezco como un elemento artificial. Sobre los hilos verdes aparecen flores de plástico compradas en un bazar: una floración portátil que responde a sus propios amarillos, violetas y blancos, pero también al rojo intenso que adquieren las plantas crasas de la costa de Tenerife.
La acción se desarrolla en un invernadero abandonado. El lugar conserva las estructuras de una antigua producción vegetal, mientras la vegetación espontánea comienza a ocuparlo. Dentro de ese espacio, las flores artificiales no intentan hacerse pasar por naturales. El artificio observa al paisaje y el paisaje parece devolverle la mirada.
El conjunto se aproxima así a una naturaleza muerta, aunque aquí el bodegón ha abandonado la mesa y comienza a caminar. Las flores de plástico permanecen detenidas en una primavera permanente: no brotan, no se marchitan y tampoco mueren porque nunca han estado vivas. El invernadero, vacío de su función original, participa de esa misma suspensión.
Frente a ellas, las plantas crasas del litoral sí atraviesan una transformación. En primavera se vuelven rojas y anuncian, desde su propia materia, la proximidad del verano. La imagen reúne dos temporalidades: el ciclo real del paisaje y la floración inmóvil del traje. Si la naturaleza muerta tradicional fija lo vivo antes de que desaparezca, estas fotografías invierten el gesto: muestran una materia ya detenida que el cuerpo vuelve a poner en circulación.
El camuflaje cambia entonces de sentido. Ya no se trata de desaparecer, sino de aproximarse al entorno mediante una semejanza abiertamente falsa. El traje se convierte en una pintura vestible que solo existe plenamente cuando el cuerpo la activa, como sucede en los Parangolés de Hélio Oiticica. La operación continúa siendo sencilla y cercana a Fluxus: añadir flores, ponerse el traje, caminar y dejar que el encuentro produzca la imagen.
La luz intensa de la costa canaria, alta y sin velos, golpea de lado la figura y recorta las fibras, los pétalos y las plantas rojas. La imagen se vuelve una bofetada a la retina. No existe una iluminación complaciente que suavice la escena: la naturaleza viva, la naturaleza muerta y el artificio aparecen juntos, con la misma crudeza cromática.
Las acciones se fotografían principalmente con una Pentax 645D de formato medio. Algunas imágenes de My Sprint Suit se realizaron con una Sony α7 y un objetivo Rokkor de 135 mm.